Mi perspectiva y la tuya | Erasmus

Desde el 1 de julio que volví de mi Erasmus, no había vuelto a hablar sobre ello entrando en materia. Habiendo pasado casi 4 meses, ya tengo una idea “post” sobre la experiencia.

a953f29315f2dababe3590e2b20f2b74Desde que llegué, la gente (con muy buenas intenciones) me preguntaba ¿qué tal el Erasmus Pati?. Las tres o cuatro primeras veces hice realmente un esfuerzo por definir lo que había y ha supuesto para mi ese tiempo y hablaba durante un rato intentando transmitir sensaciones y sentimientos en un discurso inconexo y sin sentido para el que escuchaba, que me miraba con una sonrisa pero pensando por dentro “La de cervezas que se habrá tenido que tomar ésta para contarme la película que me está contando”.

DSC_1470Yo me quedaba con cara de tonta por no responder como en realidad quería o transmitir lo que sentía y, al final, acababa con la coletilla típica de “bueno, deberías vivirlo para entenderlo”. O simplemente sonreía y contestaba con un estandarizado: “Ha sido increíble, y sí, muchísima fiesta”. Pa’ qué dar explicaciones…

Y es verdad que el que no ha pasado por ello, no te puede entender.  Para la mayoría de los que no se han ido, el Erasmus supone un año de copas, fiestas, ligues y poco estudio. No les falta razón, pero se queda corto. Muy corto diría yo. De hecho a mí no me vale como resumen de mi año ni por asomo. Para mi esa es una parte, pero ni la más importante ni de la que más me acuerdo.

Ahora, poneos en situación e imaginaos una caja gigaaante compuesta de una mezcla de culturas, de idiomas, de ciudades y países (en el que vives, los que visitas y el de origen de tus amigos), de religiones, de ideas políticas y de personas completamente distintas.

Sale una cosa extraña. Y lo extraño no siempre es malo. Esta mezcla abre la mente y te vuelve una persona más tolerante y más respetuosa, porque conoces gente, conoces mundo… Y el conocimiento es la medicina contra la estupidez.

IMG_20170601_205039Aprendes que estamos aquí de paso y que las personas van y vienen. Te cruzas con gente increíble de la que aprendes cosas increíbles. Y te sientes Willy Fogg y te entra un sentimiento de hermanamiento con toda la humanidad que ni los de la ONU. Y presumes de tu manera de cocinar, aunque sea la peor. Y cuando llega el jamón serrano de España invitas a todos a probarlo, orgulloso del producto de tu tierra. Y  pruebas licores extraños y comidas que saben a rata. Y pones cara de que te gusta porque no le quieres hacer el feo al esloveno, al croata o al turco de turno. Y cantas en autobuses y en tranvías canciones que se convierten en himnos. Y encuentras un local que marcará tu  Erasmus donde vivirás algunos de los mejores momentos. Será “vuestro templo”, os apropiaréis de un trozo de ciudad y sentiréis que cada rincón es vuestro.

Personas con las que acabas cada noche de fiesta a modo “Party Animal” pero con las que puedes tener conversaciones serias, interesantes, donde te das cuenta de la afinidad no sólo en la parte fiesta y locura, si no en la mayoría de tus facetas.

Y a lo mejor tienes la suerte, como yo la tuve, de encontrarte con gente inmejorable, de ese tipo de amigos que sabes que duran para toda la vida.

También ocurre que cuando estás realmente adaptado, llega la vuelta. Las despedidas de mierda en aeropuertos y estaciones. Abrazos, alguna que otra lágrima y las promesas de reuniones, vueltas al lugar del crimen que algunas se cumplirán y otras quedarán en donde quedan las promesas electorales.

Desde que vuelves, buscas desesperadamente a gente que también sea un exErasmus y os consoláis los unos a los otros con pequeñas dósis de historias y anécdotas que os devuelvan parte de ese tiempo. Y os comprendéis con una hermandad extraña, al fin y al cabo todos los Erasmus tienen ese vínculo. (Motivo principal por el que me metí a la ESN).

Y luego la vida sigue. Vuelves a tu ciudad, a tus amigos de siempre y a tu casa. Vuelves a sentirte bien y recuerdas el Erasmus como una burbuja o un sueño de pasada por tu vida. Eso sí, siempre habrá una parte de ti que se ha quedado con la gente con la que compartiste tanto en tan poco tiempo.

DSC_8138Y al que haya leído esto y sea Erasmus lo entenderá y al que no, ya lo avisé desde el principio. Pero si queréis una respuesta, pues eso: “Buah increíble, mucha fiesta”.

A los que no hayáis tenido la oportunidad por diferentes motivos (dinero, familia, no curiosidad, otros motivos), os animo de verdad a que viváis una experiencia fuera de vuestra ciudad natal. A que salgáis a descubrir mundo más allá de un simple viaje de turiseo de 4 días. Y no tiene por qué ser Erasmus. Cualquier experiencia que incluya nuevas personas, nueva ciudad y nuevo idioma os bastará para crear un nuevo sueño.

Como ya dije antes, estamos aquí de paso y el tiempo que pasa no vuelve. Hay que aprovechar con las facilidades que tenemos hoy en día. Así que, animaaaaaaaaaaos y me entenderéis 🙂

dsc_7268Os dejo con un vídeo que hice en julio con todo mi cariño y que el señor YouTube me bloqueó por derechos de autor (letras de canciones). Ahora parece ser que funciona, a ver si dura y no me lo quitan.

¡Gracias a todos! Do widzenia 😀

12 comentarios sobre “Mi perspectiva y la tuya | Erasmus

  1. Muy de acuerdo Pati!
    Yo estuve en Karlskrona (Suecia) también casi 6 meses y me pasa como a ti…todo lo que viviste exmuy dificil de explicar, y cada intento de describirlo en una frase se queda corto o resulta confuso para quien es ajeno a esa aventura. Los momentos duros del principio, los “desastres de principiante”, los amigos, los superviajes, los “cómo me lancé a hacer tal o cual cosa” y los “yo nunca habia probado esto hasta entonces”…efectivamente te dejan huella y aunque parece otra vida, te deja un poso que no puedes olvidar.
    Me encanta leer que otra gente siente lo mismo que yo cuando habla de su Erasmus :’)
    Y en concreto te felicito por tu blog, porque me encanta meterme de lleno mentalmente en tus aventuras!
    Un beso fuerte Pati, y a tu hermana y tus padres 🙂

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  2. ¡Qué identificada me siento! Yo dejé de hablar del Erasmus a los pocos días de llegar a casa. Recuerdo que mis amigas me hicieron una cena de bienvenida que marcó un antes y un después en mi vida. Ahí fue cuando me di cuenta que había cambiado para siempre y que, contase lo que contase, nunca podrían entender lo que el Erasmus había sido para mí

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