Septiembre y el nunca saber dónde puedes terminar…o empezar

A 2.315 kilómetros de casa… 

1 de septiembre. 3 meses y medio sin escribir. Mucho que contar.

Fechas para recordar

Como algunos ya sabréis, llevo 8 meses y medio viviendo en Berlín. Y yo, que soy un poco especialita con algunas fechas, he decidido que hoy tenía que escribir algo. (Y no es que me sienta muy inspirada precisamente). Aunque para muchos hoy sea el fin del verano, fin de vacaciones y vuelta a las rutinas, para mi es una fecha para recordar positivamente, aunque hace un año pensara todo lo contrario.

Pues eso, tal día como hoy hace un año, inicié un cambio en mi vida, sin si quiera saber de qué iba a hacer con ella. Los cambios no siempre son físicos, a veces, cuando una idea diferente ronda tu cabeza, ahí ya está el cambio. El pensar, el redirigir tu vida. Obviamente, todo este proceso llevó dos meses y medio hasta que me moví físicamente a Berlín, pero aquel 1 de septiembre, fue cuando mi mente hizo clic por aquello que mi ‘yo interior’ quería realmente. Muy profundo todo sí 😉

Recuerdo que fue una etapa algo complicadita. Tras haber compartido conversaciones con diferentes personas, me he dado cuenta que lo que me pasó a mi es algo bastante común cuando acabas la universidad o cuando llevas una rutina estable y de repente, te cambian los esquemas. La eterna pregunta del: ¿Y ahora, qué hago con mi vida? ¿Dónde quiero ponerle dirección? ¿Hago un máster? ¿De verdad quiero quedarme donde estoy?

En mi caso se me juntó un poco todo, ya que pasé de estar con una rutina muy intensa de trabajo, universidad y un voluntariado al que dedicaba bastantes horas, a llegar septiembre y… 24 horas de tiempo libre. Varias horas al día dedicadas a darle vueltas a la cabeza, a intentar aclararme, de estar un poco perdida, desubicada, teniendo la idea de que quería probar algo fuera de España pero necesitaba saber dónde, cuándo y cómo.

No os voy a mentir, pienso que no es fácil dar un giro de 360º a tu vida, sobre todo, teniendo todo en Madrid como lo tenía yo por aquellos entonces. Pero sí, tenía la espinita de salir fuera por un tiempo, conocer más lugares, más personas, más idiomas. Tuve días malos, estaba un poco ‘perdida’. Esos dos meses busqué, pensé y hablé con amigos, mis padres y mi hermana. En esos momentos, la familia es vital para aconsejarte y apoyarte. Y el giro del que os hablo, merece tanto la pena…

Todo el proceso lo conté en la entrada que hice sobre mi primer mes en Berlín. Qué alegría y morriña a la vez cada vez que la leo… Os la dejo aquí

Una nueva vida lleva su tiempo

Cuando me vine a Alemania allá por los fríos noviembres, no tenía ni idea de lo que me esperaba por delante, para bien y para mal. Para empezar, estaba convencida que a los 6 meses me volvía. De verdad lo estaba. Llevo casi 9 y ni si quiera sé si en otros 6 meses querré volverme… Berlín engancha.

Una nueva vida lleva su tiempo, pero cuando la construyes, cuesta deshacerte de ella. Y mucho. Personas, tantas culturas diferentes, lugares, momentos… Recuerdo el invierno, frío como él solo, cuando no conocía a nadie. Iba por los mercados navideños y me preguntaba ¿estaré aquí al año que viene para compartirlo con alguien más? #SoSad
Ahora que se acaba el verano, me he hecho la misma pregunta. Ya veremos.

¿Cuánto tiempo me quedaré?

No lo sé, no tengo ni la menor idea. Esta es una pregunta que me hace mucha gente y que a veces me ronda la cabeza. A veces me entra la simple curiosidad de dónde estaré de aquí a un tiempo. Hace 365 días no tenía ni la menor idea de que acabaría donde estoy ahora y mi filosofía sigue por la misma línea. Tengo una idea de dónde quiero ir pero en mi cabeza no existe un único camino. Puede que me canse en dos meses y quiera un cambio, que no soporte el invierno y diga chao. Que me siga enganchando y me quede 3 años más… ¿quién sabe? Pero, el no tener esa certeza, es otra forma para mi de mantenerte activa y vivir todo con cierta intensidad.

Por otra parte, para mi el hecho de poner límites de tiempo a tu vida es algo que si lo pienso mucho, me agobio. Sobre todo por el hecho no poder ver casi a personas que necesito en el día a día. El saber que cuanto más tiempo sin volver, más dejo de ‘pertenecer’. Es así. Y me está pasando que vuelvo a Madrid, normalmente modo express y me da la sensación que mi vida ya no está ahí. Y es normal supongo. Porque no lo está realmente.

Pero si os digo la verdad, lo mejor que me podía pasar, y que quería, me está pasando. Y es simplemente el estar a gusto, el sentirme en casa, el estar normal. No necesito nada extra más allá de tener mi independencia, un trabajo donde seguir aprendiendo y gente que me aporte cosas buenas y me haga ser un poquito mejor. Y sobre todo, el saber que estando lejos, puedo seguir contando con personas. Que la distancia acerca mucho…cuesta no verse, pero es bonito saber que quien realmente te quiere cerca, se alegra de que estés bien, por muy lejos que estés.
Desde que llegué, me he ido construyendo una vida muy a mi manera y a mi manera la sigo construyendo.

Se me va a pasar el tiempo que son las 23:56, pero prometo contar más detenidamente mi vida en Berlín y cosas que han pasado estos meses. Algunas aventuritas, qué pienso de la ciudad, gente que he conocido, el trabajo, visitas, etc.

¡Gracias por leerme y nos vemos pronto!

Pati

4 comentarios sobre “Septiembre y el nunca saber dónde puedes terminar…o empezar

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